Estamos constantemente reajustándonos a situaciones,
pensamientos y emociones a lo largo de nuestro día a día, algunos de los cuales
percibimos como amenazantes, inaceptables y peligrosas, sin que salga
perjudicada nuestra salud mental.
Esto es posible por los mecanismos de defensa o estrategias
psicológicas, generalmente inconscientes y automáticas, que usamos para hacer
frente a las situaciones, pensamientos y emociones que nos generarían ansiedad,
miedo, estrés, inseguridad, frustración,…como escudos protectores frente a
aquello que percibimos como doloroso, amenazante/peligroso para conseguir un reequilibrio
interior, disminuyendo nuestro malestar y aumenta nuestra sensación de seguridad
y utilidad.
Así pues las funciones de los mecanismos de defensa son:
- Recuperar el equilibrio de nuestras realidades externas e internas
- Facilitar la adaptación, socialización y el contacto con la realidad
- Proteger el equilibrio emocional
- Permitir el desarrollo de la personalidad
Los usamos a lo largo de la vida como descarga natural de tensión
pero pueden volverse patológicos cuando no solucionan el problema, se repiten
de manera abusiva y rígida, desarrollándose:
- Obstaculización y bloqueo de nuestro potencial y recursos internos
- Conductas de agresividad y sadismo
- Ambivalencia
- Angustia, dependencia y suicidio o generación de fobias, obsesiones y delirios.





